lunes, 27 de febrero de 2017

Post Mortem

Después de la tormenta sale el sol, eres el huracán que llega, destruye y se va. Por qué no eres como el sol, que aún nublado me puede dar su calor.

sábado, 13 de febrero de 2016

Capítulo 1 "El Primer Encuentro"



Cuando dejó de abrazar a Adolfo, Katia Amelí Toloza Labra pensaba en qué haría para que Beatriz, que le había hablado de Ángel Elías Vaello Padilla pudieran hablar y así conocerlo, pues al momento de entrar y cruzar sus miradas le llamó la atención su pelo corto, castaño, ojos verdes, labios ligeramente morenos (nuevamente), nariz recta pero suavemente respingada en su final, cejas prominentes pero sin llegar a ser una, la forma tan despreocupada con la cual tomaba el vaso de whisky, como si sólo lo tuviera para contarle sus pensamientos. Estaba pensando en aquello cuando Beatriz rompió su silencio.
-Ahí está, es él, mi desafortunado romance, parece que aún tiene pena, pero sería descortés no saludarlo, digo, por respeto a los años, ¿qué harías tú?-
 Katia mientras escuchaba a Beatriz pensaba, bueno, finalmente fue desafortunada relación, ella lo dejó, ya no lo ama, no somos íntimas amigas, creo que podría no enfadarse si muestro interés en él, claro que no de forma obvia, pero un encuentro casual no sería malo, yo también necesito ahogar mis penas y él sería un perfecto compañero. Nuevamente fue interrumpida...
-Katia, responde qué harías tú en mi situación.- a lo que responde ágilmente.
- Creo que es lo más correcto, finalmente fueron años, algo de cariño debe quedar.- Claro, lo preguntaba para comenzar a tantear el terreno ¿le importaría de verdad que tuvieran un encuentro casual?
- Vamos Katia, no puedo hacer esto sola- la tomó de la mano, la jaló y no tuvo tiempo de reaccionar, pero supo que sí, le iba a interesar.
Repentinamente Ángel miró sin querer a Beatriz, pero fijó su mirada en ella, la muchacha que la acompañaba, era pequeña, de ojos expresivos con forma de almendra, hablaban por sí solos pero algo escondían, eran color miel, cabello laceo y castaño claro, caía como cascada sobre sus hombros llegando a la zona dorsal. Tenía labios delgados con un tinte color rojo, que iba acorde a la blusa sin espalda que tenía. Estaba en sus pensamientos sumergido cuando sin querer se dio cuenta que cruzaron sus miradas. Como dice la canción "y le quemó la mirada, sólo un segundo bastó para quedarle grabada" sintió que ambos se conectaron y sintió interés en conocerla, bueno, eran ambos bien guapos, cómo no, pero el problema era algo que comenzaba con B, cada vez que veía a Beatriz no veía otra cosa que el rechazo y el castillo de cartas derrumbándose a su alrededor, pero podría soportarlo, era fuerte en el exterior. De pronto se percató que ambas se acercaban, en realidad a la pobra chica de piel de porcelana la arrastraban hacia la barra, sabía que se acercaban, se jugó la razón en ese momento, decidió saludar cortésmente a Beatriz.
- Hola ángel- escuchó y casi se derrumbó, nuevamente el castillo de cartas se venía abajo, ella lo sacó del letargo diciéndole- Ella es mi nueva amiga, decidimos salir un rato a despejar nuestras mentes con un poco de vodka- río incómodamente- se llama Katia y es trabajadora social.- finalizó con un codazo a Katia.
Hola- escuetamente respondió Ángel, hace tiempo que no te veía, me parece curioso verte acá, no son lugares que frecuentabas- habló a través de esa herida, del dolor, pero saludó a Katia. - Hola señorita trabajadora social, un gusto conocerla.- la miró con cierta picardía, sin disimular frente a Beatriz, estaba dispuesto a hacerle notar que sí le podían interesar otras personas y que además podía entablar una larga  conversación o quizás algo más.
- Hola- dijo tímidamente Katia y se acercó a darle un beso en la mejilla, el roce que sintió le estremeció la panza ¿mariposas? ¿Las cervezas del bar del frente donde habían hecho la "previa"? no lo sabía, pero algo sintió.- no me has dicho tu nombre- sonrió haciendo una mueca con su labio hacia el lado izquierdo y sonriendo con los ojos.
-Perdón mi mala educación, soy Ángel, un amigo de Beatriz, soy contador y nacido bajo el signo de Capricornio- bromeó con Katia, por un momento olvidó que Beatriz estaba ahí, hasta que interrumpió esa conexión.
- mmm qué gracioso, no recuerdo de cuándo te volviste comediante- dijo irónicamente Beatriz, se dio cuenta, que algo en la mirada de ambos delataba interés, pero la verdad, que a ella poco le preocupaba, su nueva conquista, un abogado estaba en esa fiesta y habían quedado de juntarse. Andrés había quedado de ir con un amigo, que era ingeniero mecánico, pero no pudo asistir, por lo que le convenía dejar a Katia a cargo de un cuidador.
-oh ahí viene mi amigo- dijo Beatriz efusivamente para que Ángel lo notara- No puedo esperar que me ponga al corriente de su vida, hace mucho que no lo veo-claro, si hacía doce años estaba con el mismo hombre, medio celoso y para no tener problema se había alejado de su círculo de amistades del colegio, de donde conocía a Andrés, el abogado. Sin embargo, Ángel no tomó sus palabras, pues vio una posibilidad y Katia la oportunidad que buscaba.  Beatriz  se perdió  entre la gente y no se acercó a la barra, se fue al lado opuesto de la pista para poder estar tranquila y cómoda, lo que fue favorable para ambos, pues esa noche comenzó todo.
Como todo encuentro, se preguntaron sobres sus vidas, dónde habían nacido, estudiado, vivido, qué deporte practicaban, entre otras cosas, las preguntas cotidianas cuando dos personas se cruzan y entablan una conversación un tanto desinteresada, claro que en este caso sí había interés por parte de ambos, y esos ojos color verdes y miel, podían distinguirlo. Pasada un par de copas Ángel, contra todo pronóstico de artista le pidió que bailaran, lo que aceptó de inmediato, pues sonaba una canción de Billy Idol que le fascinaba, pues el bar era ambientado en los años ochenta y noventa, sus épocas favoritas de la música, por fin alguien con quien conversar de rock. Ella danzaba como una mariposa alrededor de una flor, paseándose ante los ojos de Ángel, despreocupada con los ojos cerrados sentía la música como si estuviera en un concierto de rock de los Rollings Stones. A él le impresionaba la capacidad de no incomodarse si la gente la miraba, se reías o balbuceaba mientras cantaba desaforadamente, era totalmente espontánea, lo que siempre le había faltado a su estructurada vida.
Mientras bailaban de repente él olvidó todo el dolor, se sintió cómo, pensó que podría estar así toda la vida, viéndola bailar, la tomó por la cintura y le preguntó- noté que abrazabas a alguien en la entrada ¿no se molestará de verte bailar conmigo?- un pequeño silencio se formó entre ambos, Katia respondió- no te escucho, qué dijiste- el quiso dejar pasar la situación, pero le volvió a preguntar- tu novio, el que abrazaste al llegar ¿no se enojará de verte bailar con un extraño?- claro, la pregunta esta vez fue formulada con la intención que buscaba.
-Él no es mi novio, es un amigo de la universidad, se llama Adolfo y está acá con su novia, en caso de pérdida sé que puedo irme con él a casa, Beatriz desapareció- escuchar el nombre traía la imagen del castillo de cartas, pero no dejó que le afectara, siguió disfrutando del baile.
Katia pensaba en la pregunta y con la personalidad que le caracterizaba le preguntó- será que quieres invitarme otro trago que preguntas por mi novio- se enrojeció al preguntar pero nada se veía con las luces de la pista de baile. Él la miró con asombro, tan directa pregunta no la esperaba y asintió diciendo- tal vez, o tal vez quiera invitarte algo más que una copa- se lanzó a la conquista con velocidad, agilidad y por sobretodo, necesidad. Se acercaron, se miraron, se conectaron y con un beso se selló el fin del dolor. Ángel sintió que la música se apagaba y sólo podía escuchar el latido de su corazón, un latido que hacía claro que estaba vivo y había dejado de ser ese humano inerte que había dejado Beatriz hace un par de meses, quiso poseerla.
Para Katia el beso fue una mezcla de emociones, no sólo por lo que significaba entregarse a los labios de otro hombre, si no por el alcohol que había bebido, está bien, fue poco romántico, pero no dejó de pensar en su antiguo amor, que tal vez estaba haciendo lo mismo, conociendo otras personas, en ese instante se alejó, pero algo la llamó, ese algo hizo que lo volviera  a besar, con tal ganas que su corazón se aceleró y le temblaron las piernas, sí, estaba un poco ebria, siguieron bailando y besándose apasionadamente. Ángel le susurró al oído – vamos a un lugar más privado- a lo que ella respondió que moviendo su cabeza afirmativamente.
Subieron a un taxi que encontraron en la avenida principal, fueron a la casa de Katia, se sentaron de frente, él tiernamente le besó la frente, ella le tomó la mano, ambos se desnudaron, desarmaron la cama, se desnudaron y se recostaron en la cama. El comenzó a besar sus hombros, su cuello, sus mejillas; ella le besó en la boca, le mordió los hombros y se posó sobre él, pero lamentablemente los movimientos bruscos mezclados con el whisky, el vodka y la cerveza surtieron efectos, la pieza daba vueltas, se sintió mareada y rápidamente fue al baño, cuando volvió Ángel comenzó a reír, en ese momento se conectaron con el alma, se dieron confianza. Katia volvió a recostarse en la cama, Ángel tímidamente le tomo por la espalda y la acurrucó en sus brazos, se entregaron al placer, al placer del sueño.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Metamorfosis S

Existe una canción que señala que no se buscan segunda oportunidades, sino razones para comprender qué pasó, eso es lo que siempre la atormentó, el no saber qué es lo que sucede a su alrededor, en su mente y la mente de quienes quiere.  Así había llegado a la vida, sin querer. Durante años se sintió frustrada por no saberlo todo, buscaba las respuestas e su imaginación, pensando que los rayos del cielo eran estornudos de Dios, la lluvia eran lágrimas de del cielo porque estaba triste de sufrir por los humanos.
Durante su adolescencia sufrió por la soledad de tener todo y tener nada, sí esa dualidad despiada que agota la mente de los pensadores. Ella tenía una linda casa, vivía con su padres que daban todo por ella, estudiaba para ser la mejor y no se metía en problemas, tenía muchos amigos, participaba en muchas actividades extraescolares con el fin de llenar esos vacíos que tenía, se sentía mal consigo por no llamar la atención del chico que le gustaba, pero aún así lograba pasarlo bien, tan bien que de momentos calló en borracheras desmedidas descuidando su salud, así paso la universidad y ahora a sus veinte siempre reflexiona en torno a lo que fue y no es, repitiendo en su mente la frase “como el árbol que nunca hizo ruido porque nadie nunca escuchó”, claro, sentía que nadie alguna vez la escuchó.
Como toda mujer, ella había aprendido a ser independiente, con una personalidad muy versátil, conversadora por naturaleza, interesada en la política y el arte, era muy fácil conversar con ella, pero tenía algo que era distintivo, un tono de voz particular y una lengua que nunca callaba lo que pensaba, fue así de pequeña, siempre opinando, lo que en ocasiones le jugó en contra. 
En su afán de reflexiones encontró en la ciudad un lugar que daba al mar, era un rompeolas muy desagradable, sin luz, con olor a orina en ocasiones, pero que tenía una vista preciosa de la bahía, sólo se sentaba a contemplar el oleaje, con la facilidad que fluía, como sus pensamientos.  El lugar era conocido por ella y sus amigos íntimos como el LH o Lugar de los Hechos, pues era donde todo podía pasar, si, absolutamente todo y ahí justamente comenzó su histpria, la que la llevó a ese bar.
Hablemos nuevamente de los traumas, el primero es el vacío existencial de sentirse sola en un mar de gente, trabajando siempre en ayuda  a los demás sólo con el fin de satisfacer sus carencias personales, siempre al fin y al cabo con ánimos egoístas, no sólo por hacerlo, sino por la convicción de que en algún momento lo que llaman karma regresaría y le devolvería todo lo bueno que hizo en su adolescencia y vida adulta; pero no, no fue así.
En el amor siempre tuvo “mala suerte” o amaba sin ser amada o la amaban sin poder amar, la situación se tornaba triste cuando en su camino se  cruzó un joven de pelo largo, moreno, chacón de labios ligeramente tostados con un lunar tan sensual cerca del labio. Se desplomó, también pensó que era el amor de su vida, pero no para la vida. 
Un día cualquiera iba de paseo al campo de los abuelos, era un lugar cómodo y alejado de la gente, por lo que le serviría para analizar su yo interno. A su lado se sentó un joven, de pelo desordenado con apariencia de despreocupado por la vida, la saludó y ella se intimidó, lo que no ocurría muy a menudo. Le preguntó dónde iba y le contestó con sinceridad, a saber lo que quiero; el camino era largo y pudo conocerla un poco más, intercambiaron números de teléfono y nunca más dejaron de hablar. Un día coincidieron en una fiesta, tenían un amigo en común, todos bailaban y ellos hablaron de política, la importancia de Alemania en la Unión Europea, hicieron el amor de forma intelectual, quedaron de verse al otro día, se juntaron en la playa y fueron al LH, allí, después de semanas de charlas le pidió pololeo, ella contestó que sí, sin saber que se había condenado a que cinco años después la dejara con sus ilusiones en la puerta de su casa, diciendo que quería experimentar otras relaciones para saber qué quería, la dejó llorando con su soledad.
En principio lo tomó tranquila, luego comenzó a salir de juerga en juega y conoció a Beatriz, quien le contó su experiencia en el amor y cómo a los doce años de relación se encontró vacía y dañó a un hombre que ya no amaba. Se juntaron un par de veces, pues ambas estaban dedicadas a la fiesta y un día decidieron ir a un bar, donde estaría Adolfo un amigo de ella. Cuando entró al bar poco vio, pero como de costumbre entró hablando y con ruido, como el huracán que era, vio a su mejor amigo, se abalanzó sobre él y le susurró, esta noche juego yo. Miró a su alrededor y vio a un hombre que miraba a Beatriz y supo que era él, el de quien le habían hablado, pues tenía la mirada triste y perdida, aún sufría, pero nada de ello impediría que sete conocieran, con las vueltas que da la vida o mejor dicho, con las vueltas que ella se dio alrededor de él en la noche, algo la llamó a conocerlo.

martes, 9 de febrero de 2016

Metamorfosis A

Leí sobre las vueltas... no, la vida no da vueltas, es uno quien no sabe comprender que las decisiones mal tomadas nos han llevado a repensar las antiguas situaciones. ¿Qué contexto es propicio para encontrar lo que buscas? Ella sabía lo que quería o al menos lo que no quería. Buscaba energía que fuera compartida por aquel hombre vano y estéril de pensamiento, si como aquel hombre que piensas. Es algo así como un hombre cuyos pensamientos han sido sesgados por el dolor que sintió cuanto le dijeron en la cara que servía para nada, que no era capaz de mantener un vínculo afectivo estable, cuando estaba enamorado. Solo imagina que te pase a ti, ¿seguirías siendo el mismo ser inerte y estéril? En esta situación él qué podría buscar, ya lo sé, una mujer que pueda controlar, que dé todo por él y sepa apreciar lo que los demás no, pero siempre bajo perfil, insegura, tímida, para poder potenciar su rol de macho alfa, protector y sostén del hogar.
Había tenido una vida relativamente fácil, con los placeres cotidianos y mundanos propios de la adolescencia, había tenido amores varios, amigos varios, experiencias varias, escuchaba un poco de rock, pero se caía con el hip-hop.  Tenía en sus veinte y tantos años un pensamiento efímero, como un niño de quince años, si, así de efímero, superficial e iluso. Ante todo pronóstico social había logrado llevar una vida tranquila, una profesión medio mal remunerada, pero profesional; había ayudado a su familia y ya no buscaba diversión, acción, quería amor.
Tenía una personalidad avasalladora, su timidez era muy poca, conversador por naturaleza y muy sociable, hacía amigos con facilidad, sin embargo no tenía el don de conservarlos, no por mal amigo, si no porque quienes le rodeaban no permitía que los mantuviera, por eso siempre fue prescindible, aunque a él no le gustara admitirlo. Tenía una mentalidad bastante estructurada, al punto de una obsesión compulsiva, doblaba cada calzoncillo para ser guardado en el cajón destinado para ello, ordenados por frecuencia de uso, al igual que los calcetines. Tenía una cómoda con sus artículos favoritos, en el primer estaba todo lo que ocupaba con mayor frecuencia, vale decir, condones, papel higiénico, lápices, entre otros. En el segundo cajón ordenaba sus artículos de pesca, un deporte que poco practicaba pero le encantaba, por el hecho de poder estar solo encerrado con sus pensamientos, permitiendo la introspección. En el tercero, bueno, tenía todos los recuerdos de su vida pasada, aquellos que le evocaban el dolor que tuvo, las fotografías, llaveros, cartas, postales de su antigua amada, la que lo había destruido por completo, era por esencia masoquista tener ese cajón ahí, sin llave, al alcance de todo, para hacerle recordar qué era lo que no quería en la vida y lo que buscaba, aunque muy poco lo sabía.
Vamos a los traumas, para comprender a qué se enfrenta ella. En primer lugar, el trauma de nunca haber sentido que era necesario en la vida de una persona, no era necesario en la felicidad de sus padres, pues ellos habían aprendido a sólo depender de sí mismos, eran un lindo matrimonio, con amor y dos hijas más. Solían compartir con la familia y dejar a sus hijos ser, habían aprendido a muy temprana edad a cuidarse, aunque él debía cuidar a sus dos hermanas mellizas que son 4 años menores. Pero aún así, él no era necesario en la felicidad de sus padres. Por otro lado no era necesario en la vida de sus amigos, pues salían de jarana aunque él no fuese, pues los había dejado de lado hacía mucho tiempo, porque no comprendían su sentir, sólo lo veían reír, pero no llorar, nunca lo hacía la verdad, pero sus ojos podrían haberlo delatado, si alguien lo mirase fijamente. Así también, no era necesario para sus hermanas, pues era el único hombre y no lo hacían participes de sus salidas, al ser mellizas eran más cómplices y sólo se necesitaban a sí mismas, eran una. Toda su vida se pasó así, siendo prescindible, incluso del trabajo lo echaron porque alguien más podía hacer sus labores por menos sueldo, siempre se sintió totalmente reemplazable.
Segundo trauma, el amor. A pesar de haber sido muy sociable, le costaba encontrar una pareja estable, pues su ambiente de amistades, todos eran muy liberales, al punto de la orgia, podían estar con una y a la media hora con otra, claro, si la resistencia le diera para media hora. Pero Él quería a alguien estable y pensó que era momento de tomar una decisión apostó a vencedor y adivinen… perdió. Él pensaba cuando la conoció que era el amor de su vida, pero lo que no sabía es que las personas no se quedan con el amor de sus vidas, sino con el que es para la vida.  Era un alta, pues le llegaba a su nariz, delgada, de piel morena y ojos pardos, sí, linda, pero lo que no sabía es que la mujer por sí siempre tiene un grado mayor de madurez que el hombre, cuando ella comenzó a cuestionarse lo que quería en la vida, se dio cuenta que él no formaba parte en sus planes, se lo hizo saber con una frase que jamás olvidaré… “eres todo lo que una mujer no desea, mediocre, sin sueños, inútil y  sin emociones claras”  entiendan por favor el corazón de ese pobre hombre, ego y orgullo heridos en lo más profundo, con una autoestima más abajo del infierno y con un cuestionamiento psicológico de querer dejar existir, doce años trabajando en un castillo de cartas, estratégicamente ubicadas para que no se derrumbara, pero ella sólo en diez minuto los hizo cenizas.

Para finalizar, buscó refugio en sus amigos y familiares, se fue de juerga tratando de alcoholizar su pena y ahí, justo ahí, en ese instante  donde se sentía demacrado, apareció ella, el huracán Katrina, el cometa Halley, la voz en off de todo programa, la que hablaba del existencialismo, bailando como mariposa en primavera, con un brillo especial en los ojos, con mirada de tristeza. Entró por la puerta del bar, venía con una amiga, sin saber que esa amiga era ella la que le causó tanto dolor, pero ya no brillaba, era el huracán que iluminaba la sala, con tal fluidez se abalanzó a los brazos de un hombre, el afortunado, pensó.

Lo primero a saber

En primera instancia queda dejar claro que el amor no es muerte, es vida, amar es querer ser mejor persona en el mundo y hacer que la persona amada sea quien es, contigo y sin ti. Amar es aprender a dar y crecer por alguien que vale la pena, si no es mutuo nunca fue amor, pues el enamoramiento es compartir la misma energía y pasión por lo que se hace, no es hacer lo mismo, es amar lo que haces y lo que eres. Después de una relación estable en la zona de confort viene algo que denominamos “amor de transición”, es decir, un amor intenso pero efímero que permite limpiar el corazón de lo que fue y saber qué es lo que se quiere. Lamentablemente a veces coincidimos con ese amor de transición en la etapa pero no en la esencia, pues puede ser “el amor” que buscabas, pero pensar mucho hace que se trasforme en esa transición. Lo mejor que como humanos razonables, pesantes pero por sobre todo emocionales es vivir el hoy como si no hubiera mañana, disfrutar y saber que lo que acaba no termina, sólo permite un nuevo comenzar, no cuestiones lo que tienes, aprovéchalo, pues puede pasar por tu lado y nunca más regresar.
Existen dos tipos de amor, el de tu vida y el para tu vida. El de te tu vida es aquel primero que es duradero, con el cual viviste momentos intensos, profundos y quien te conoce como nadie, siempre lo recordarás por los bellos momentos, pero también porque hizo que te conocieras más de lo que pensabas, te valorarás y determinaras en el futuro; sin embargo, no está exento de dolor.
El amor para tu vida es aquel que ve de inmediato lo que eres y valora tus defectos y virtudes, siendo capaz de convivir con ellos, al principio tienes miedo, pero en el fondo de tu corazón sabes que es correcto, a pesar de sentirte intimidado. Es aquel amor que no te pone nervioso, si no que te permite ser como eres, sientes que confías mucho en esa persona, como si la conocieras de toda la vida, comienza con atracción pero muy rápido se transforma en algo más y eso es lo que te da miedo.
El mejor amor es el que encuentras de causalidad cósmica, que se cruza en un momento inoportuno, pero que está ahí, a quien no conoces pero crees conocer, porque sabes que en el fondo de tu cerebro, compartes más de lo que pretendes y te permites admitir, porque has estado preocupado del entorno, de lo exterior, pero qué mejor desafío que conocer a alguien como nadie más la ha conocido.

Así se encontraron de frente, el tenía un corazón roto y ella una ilusión por desarrollar, por primera vez ella sabía lo que quería y por primera vez a él le tembló la razón, tenerla a su lado hacía que no fuera lógico, su olor hacía que la deseara sin conocerla, tenía la necesidad de poseerla, de acariciarla y verla con sus miedos, es como si supiera que estaban predestinados, se llamaban en silencio, ella escondía su mirada para no mostrar sus emociones ni sus sentimientos, sus ojos hablaban más que sus palabras, que su actitud, pero sólo uno podría conocerla. Ahí estaba desnuda en cuerpo y alma, él no supo qué hacer, siguió sus instintos, por primera vez estaba haciendo el amor a ciegas, sintió que le habló el alma, que su sonrisa lo iluminó, por primera vez estaba sintiendo sin dolor ni estructuras, podía ser él y ella podía hacerlo ser.