Existe una canción que señala que no se buscan segunda oportunidades, sino razones para comprender qué pasó, eso es lo que siempre la atormentó, el no saber qué es lo que sucede a su alrededor, en su mente y la mente de quienes quiere. Así había llegado a la vida, sin querer. Durante años se sintió frustrada por no saberlo todo, buscaba las respuestas e su imaginación, pensando que los rayos del cielo eran estornudos de Dios, la lluvia eran lágrimas de del cielo porque estaba triste de sufrir por los humanos.
Durante su adolescencia sufrió por la soledad de tener todo y tener nada, sí esa dualidad despiada que agota la mente de los pensadores. Ella tenía una linda casa, vivía con su padres que daban todo por ella, estudiaba para ser la mejor y no se metía en problemas, tenía muchos amigos, participaba en muchas actividades extraescolares con el fin de llenar esos vacíos que tenía, se sentía mal consigo por no llamar la atención del chico que le gustaba, pero aún así lograba pasarlo bien, tan bien que de momentos calló en borracheras desmedidas descuidando su salud, así paso la universidad y ahora a sus veinte siempre reflexiona en torno a lo que fue y no es, repitiendo en su mente la frase “como el árbol que nunca hizo ruido porque nadie nunca escuchó”, claro, sentía que nadie alguna vez la escuchó.
Como toda mujer, ella había aprendido a ser independiente, con una personalidad muy versátil, conversadora por naturaleza, interesada en la política y el arte, era muy fácil conversar con ella, pero tenía algo que era distintivo, un tono de voz particular y una lengua que nunca callaba lo que pensaba, fue así de pequeña, siempre opinando, lo que en ocasiones le jugó en contra.
En su afán de reflexiones encontró en la ciudad un lugar que daba al mar, era un rompeolas muy desagradable, sin luz, con olor a orina en ocasiones, pero que tenía una vista preciosa de la bahía, sólo se sentaba a contemplar el oleaje, con la facilidad que fluía, como sus pensamientos. El lugar era conocido por ella y sus amigos íntimos como el LH o Lugar de los Hechos, pues era donde todo podía pasar, si, absolutamente todo y ahí justamente comenzó su histpria, la que la llevó a ese bar.
Hablemos nuevamente de los traumas, el primero es el vacío existencial de sentirse sola en un mar de gente, trabajando siempre en ayuda a los demás sólo con el fin de satisfacer sus carencias personales, siempre al fin y al cabo con ánimos egoístas, no sólo por hacerlo, sino por la convicción de que en algún momento lo que llaman karma regresaría y le devolvería todo lo bueno que hizo en su adolescencia y vida adulta; pero no, no fue así.
En el amor siempre tuvo “mala suerte” o amaba sin ser amada o la amaban sin poder amar, la situación se tornaba triste cuando en su camino se cruzó un joven de pelo largo, moreno, chacón de labios ligeramente tostados con un lunar tan sensual cerca del labio. Se desplomó, también pensó que era el amor de su vida, pero no para la vida.
Un día cualquiera iba de paseo al campo de los abuelos, era un lugar cómodo y alejado de la gente, por lo que le serviría para analizar su yo interno. A su lado se sentó un joven, de pelo desordenado con apariencia de despreocupado por la vida, la saludó y ella se intimidó, lo que no ocurría muy a menudo. Le preguntó dónde iba y le contestó con sinceridad, a saber lo que quiero; el camino era largo y pudo conocerla un poco más, intercambiaron números de teléfono y nunca más dejaron de hablar. Un día coincidieron en una fiesta, tenían un amigo en común, todos bailaban y ellos hablaron de política, la importancia de Alemania en la Unión Europea, hicieron el amor de forma intelectual, quedaron de verse al otro día, se juntaron en la playa y fueron al LH, allí, después de semanas de charlas le pidió pololeo, ella contestó que sí, sin saber que se había condenado a que cinco años después la dejara con sus ilusiones en la puerta de su casa, diciendo que quería experimentar otras relaciones para saber qué quería, la dejó llorando con su soledad.
En principio lo tomó tranquila, luego comenzó a salir de juerga en juega y conoció a Beatriz, quien le contó su experiencia en el amor y cómo a los doce años de relación se encontró vacía y dañó a un hombre que ya no amaba. Se juntaron un par de veces, pues ambas estaban dedicadas a la fiesta y un día decidieron ir a un bar, donde estaría Adolfo un amigo de ella. Cuando entró al bar poco vio, pero como de costumbre entró hablando y con ruido, como el huracán que era, vio a su mejor amigo, se abalanzó sobre él y le susurró, esta noche juego yo. Miró a su alrededor y vio a un hombre que miraba a Beatriz y supo que era él, el de quien le habían hablado, pues tenía la mirada triste y perdida, aún sufría, pero nada de ello impediría que sete conocieran, con las vueltas que da la vida o mejor dicho, con las vueltas que ella se dio alrededor de él en la noche, algo la llamó a conocerlo.
"La vida es simple cuando te atreves a tomar decisiones espontáneas, sin mediar la razón, se disfruta el placer de la vida" "La gente sin sueños se vuelve mediocre y conformista"
miércoles, 10 de febrero de 2016
Metamorfosis S
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