martes, 9 de febrero de 2016

Metamorfosis A

Leí sobre las vueltas... no, la vida no da vueltas, es uno quien no sabe comprender que las decisiones mal tomadas nos han llevado a repensar las antiguas situaciones. ¿Qué contexto es propicio para encontrar lo que buscas? Ella sabía lo que quería o al menos lo que no quería. Buscaba energía que fuera compartida por aquel hombre vano y estéril de pensamiento, si como aquel hombre que piensas. Es algo así como un hombre cuyos pensamientos han sido sesgados por el dolor que sintió cuanto le dijeron en la cara que servía para nada, que no era capaz de mantener un vínculo afectivo estable, cuando estaba enamorado. Solo imagina que te pase a ti, ¿seguirías siendo el mismo ser inerte y estéril? En esta situación él qué podría buscar, ya lo sé, una mujer que pueda controlar, que dé todo por él y sepa apreciar lo que los demás no, pero siempre bajo perfil, insegura, tímida, para poder potenciar su rol de macho alfa, protector y sostén del hogar.
Había tenido una vida relativamente fácil, con los placeres cotidianos y mundanos propios de la adolescencia, había tenido amores varios, amigos varios, experiencias varias, escuchaba un poco de rock, pero se caía con el hip-hop.  Tenía en sus veinte y tantos años un pensamiento efímero, como un niño de quince años, si, así de efímero, superficial e iluso. Ante todo pronóstico social había logrado llevar una vida tranquila, una profesión medio mal remunerada, pero profesional; había ayudado a su familia y ya no buscaba diversión, acción, quería amor.
Tenía una personalidad avasalladora, su timidez era muy poca, conversador por naturaleza y muy sociable, hacía amigos con facilidad, sin embargo no tenía el don de conservarlos, no por mal amigo, si no porque quienes le rodeaban no permitía que los mantuviera, por eso siempre fue prescindible, aunque a él no le gustara admitirlo. Tenía una mentalidad bastante estructurada, al punto de una obsesión compulsiva, doblaba cada calzoncillo para ser guardado en el cajón destinado para ello, ordenados por frecuencia de uso, al igual que los calcetines. Tenía una cómoda con sus artículos favoritos, en el primer estaba todo lo que ocupaba con mayor frecuencia, vale decir, condones, papel higiénico, lápices, entre otros. En el segundo cajón ordenaba sus artículos de pesca, un deporte que poco practicaba pero le encantaba, por el hecho de poder estar solo encerrado con sus pensamientos, permitiendo la introspección. En el tercero, bueno, tenía todos los recuerdos de su vida pasada, aquellos que le evocaban el dolor que tuvo, las fotografías, llaveros, cartas, postales de su antigua amada, la que lo había destruido por completo, era por esencia masoquista tener ese cajón ahí, sin llave, al alcance de todo, para hacerle recordar qué era lo que no quería en la vida y lo que buscaba, aunque muy poco lo sabía.
Vamos a los traumas, para comprender a qué se enfrenta ella. En primer lugar, el trauma de nunca haber sentido que era necesario en la vida de una persona, no era necesario en la felicidad de sus padres, pues ellos habían aprendido a sólo depender de sí mismos, eran un lindo matrimonio, con amor y dos hijas más. Solían compartir con la familia y dejar a sus hijos ser, habían aprendido a muy temprana edad a cuidarse, aunque él debía cuidar a sus dos hermanas mellizas que son 4 años menores. Pero aún así, él no era necesario en la felicidad de sus padres. Por otro lado no era necesario en la vida de sus amigos, pues salían de jarana aunque él no fuese, pues los había dejado de lado hacía mucho tiempo, porque no comprendían su sentir, sólo lo veían reír, pero no llorar, nunca lo hacía la verdad, pero sus ojos podrían haberlo delatado, si alguien lo mirase fijamente. Así también, no era necesario para sus hermanas, pues era el único hombre y no lo hacían participes de sus salidas, al ser mellizas eran más cómplices y sólo se necesitaban a sí mismas, eran una. Toda su vida se pasó así, siendo prescindible, incluso del trabajo lo echaron porque alguien más podía hacer sus labores por menos sueldo, siempre se sintió totalmente reemplazable.
Segundo trauma, el amor. A pesar de haber sido muy sociable, le costaba encontrar una pareja estable, pues su ambiente de amistades, todos eran muy liberales, al punto de la orgia, podían estar con una y a la media hora con otra, claro, si la resistencia le diera para media hora. Pero Él quería a alguien estable y pensó que era momento de tomar una decisión apostó a vencedor y adivinen… perdió. Él pensaba cuando la conoció que era el amor de su vida, pero lo que no sabía es que las personas no se quedan con el amor de sus vidas, sino con el que es para la vida.  Era un alta, pues le llegaba a su nariz, delgada, de piel morena y ojos pardos, sí, linda, pero lo que no sabía es que la mujer por sí siempre tiene un grado mayor de madurez que el hombre, cuando ella comenzó a cuestionarse lo que quería en la vida, se dio cuenta que él no formaba parte en sus planes, se lo hizo saber con una frase que jamás olvidaré… “eres todo lo que una mujer no desea, mediocre, sin sueños, inútil y  sin emociones claras”  entiendan por favor el corazón de ese pobre hombre, ego y orgullo heridos en lo más profundo, con una autoestima más abajo del infierno y con un cuestionamiento psicológico de querer dejar existir, doce años trabajando en un castillo de cartas, estratégicamente ubicadas para que no se derrumbara, pero ella sólo en diez minuto los hizo cenizas.

Para finalizar, buscó refugio en sus amigos y familiares, se fue de juerga tratando de alcoholizar su pena y ahí, justo ahí, en ese instante  donde se sentía demacrado, apareció ella, el huracán Katrina, el cometa Halley, la voz en off de todo programa, la que hablaba del existencialismo, bailando como mariposa en primavera, con un brillo especial en los ojos, con mirada de tristeza. Entró por la puerta del bar, venía con una amiga, sin saber que esa amiga era ella la que le causó tanto dolor, pero ya no brillaba, era el huracán que iluminaba la sala, con tal fluidez se abalanzó a los brazos de un hombre, el afortunado, pensó.

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