Leí sobre las vueltas... no, la vida no da
vueltas, es uno quien no sabe comprender que las decisiones mal tomadas nos han
llevado a repensar las antiguas situaciones. ¿Qué contexto es propicio para
encontrar lo que buscas? Ella sabía lo que quería o al menos lo que no quería.
Buscaba energía que fuera compartida por aquel hombre vano y estéril de
pensamiento, si como aquel hombre que piensas. Es algo así como un hombre cuyos
pensamientos han sido sesgados por el dolor que sintió cuanto le dijeron en la
cara que servía para nada, que no era capaz de mantener un vínculo afectivo
estable, cuando estaba enamorado. Solo imagina que te pase a ti, ¿seguirías
siendo el mismo ser inerte y estéril? En esta situación él qué podría buscar,
ya lo sé, una mujer que pueda controlar, que dé todo por él y sepa apreciar lo
que los demás no, pero siempre bajo perfil, insegura, tímida, para poder
potenciar su rol de macho alfa, protector y sostén del hogar.
Había tenido una vida relativamente fácil, con
los placeres cotidianos y mundanos propios de la adolescencia, había tenido
amores varios, amigos varios, experiencias varias, escuchaba un poco de rock,
pero se caía con el hip-hop. Tenía en sus veinte y tantos años un
pensamiento efímero, como un niño de quince años, si, así de efímero,
superficial e iluso. Ante todo pronóstico social había logrado llevar una vida
tranquila, una profesión medio mal remunerada, pero profesional; había ayudado
a su familia y ya no buscaba diversión, acción, quería amor.
Tenía una personalidad avasalladora, su timidez
era muy poca, conversador por naturaleza y muy sociable, hacía amigos con
facilidad, sin embargo no tenía el don de conservarlos, no por mal amigo, si no
porque quienes le rodeaban no permitía que los mantuviera, por eso siempre fue
prescindible, aunque a él no le gustara admitirlo. Tenía una mentalidad
bastante estructurada, al punto de una obsesión compulsiva, doblaba cada calzoncillo
para ser guardado en el cajón destinado para ello, ordenados por frecuencia de
uso, al igual que los calcetines. Tenía una cómoda con sus artículos favoritos,
en el primer estaba todo lo que ocupaba con mayor frecuencia, vale decir,
condones, papel higiénico, lápices, entre otros. En el segundo cajón ordenaba
sus artículos de pesca, un deporte que poco practicaba pero le encantaba, por
el hecho de poder estar solo encerrado con sus pensamientos, permitiendo la introspección.
En el tercero, bueno, tenía todos los recuerdos de su vida pasada, aquellos que
le evocaban el dolor que tuvo, las fotografías, llaveros, cartas, postales de
su antigua amada, la que lo había destruido por completo, era por esencia
masoquista tener ese cajón ahí, sin llave, al alcance de todo, para hacerle
recordar qué era lo que no quería en la vida y lo que buscaba, aunque muy poco
lo sabía.
Vamos a los traumas, para comprender a qué se
enfrenta ella. En primer lugar, el trauma de nunca haber sentido que era
necesario en la vida de una persona, no era necesario en la felicidad de sus padres,
pues ellos habían aprendido a sólo depender de sí mismos, eran un lindo
matrimonio, con amor y dos hijas más. Solían compartir con la familia y dejar a
sus hijos ser, habían aprendido a muy temprana edad a cuidarse, aunque él debía
cuidar a sus dos hermanas mellizas que son 4 años menores. Pero aún así, él no
era necesario en la felicidad de sus padres. Por otro lado no era necesario en la
vida de sus amigos, pues salían de jarana aunque él no fuese, pues los había
dejado de lado hacía mucho tiempo, porque no comprendían su sentir, sólo lo
veían reír, pero no llorar, nunca lo hacía la verdad, pero sus ojos podrían
haberlo delatado, si alguien lo mirase fijamente. Así también, no era necesario
para sus hermanas, pues era el único hombre y no lo hacían participes de sus
salidas, al ser mellizas eran más cómplices y sólo se necesitaban a sí mismas,
eran una. Toda su vida se pasó así, siendo prescindible, incluso del trabajo lo
echaron porque alguien más podía hacer sus labores por menos sueldo, siempre se
sintió totalmente reemplazable.
Segundo trauma, el amor. A pesar de haber sido muy
sociable, le costaba encontrar una pareja estable, pues su ambiente de
amistades, todos eran muy liberales, al punto de la orgia, podían estar con una
y a la media hora con otra, claro, si la resistencia le diera para media hora. Pero
Él quería a alguien estable y pensó que era momento de tomar una decisión
apostó a vencedor y adivinen… perdió. Él pensaba cuando la conoció que era el
amor de su vida, pero lo que no sabía es que las personas no se quedan con el
amor de sus vidas, sino con el que es para la vida. Era un alta, pues le llegaba a su nariz,
delgada, de piel morena y ojos pardos, sí, linda, pero lo que no sabía es que
la mujer por sí siempre tiene un grado mayor de madurez que el hombre, cuando
ella comenzó a cuestionarse lo que quería en la vida, se dio cuenta que él no
formaba parte en sus planes, se lo hizo saber con una frase que jamás olvidaré…
“eres todo lo que una mujer no desea, mediocre, sin sueños, inútil y sin emociones claras” entiendan por favor el corazón de ese pobre
hombre, ego y orgullo heridos en lo más profundo, con una autoestima más abajo
del infierno y con un cuestionamiento psicológico de querer dejar existir, doce
años trabajando en un castillo de cartas, estratégicamente ubicadas para que no
se derrumbara, pero ella sólo en diez minuto los hizo cenizas.
Para finalizar, buscó refugio en sus amigos y
familiares, se fue de juerga tratando de alcoholizar su pena y ahí, justo ahí,
en ese instante donde se sentía
demacrado, apareció ella, el huracán Katrina, el cometa Halley, la voz en off de
todo programa, la que hablaba del existencialismo, bailando como mariposa en
primavera, con un brillo especial en los ojos, con mirada de tristeza. Entró por
la puerta del bar, venía con una amiga, sin saber que esa amiga era ella la que
le causó tanto dolor, pero ya no brillaba, era el huracán que iluminaba la
sala, con tal fluidez se abalanzó a los brazos de un hombre, el afortunado, pensó.
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