En primera instancia queda dejar claro que el
amor no es muerte, es vida, amar es querer ser mejor persona en el mundo y
hacer que la persona amada sea quien es, contigo y sin ti. Amar es aprender a
dar y crecer por alguien que vale la pena, si no es mutuo nunca fue amor, pues
el enamoramiento es compartir la misma energía y pasión por lo que se hace, no
es hacer lo mismo, es amar lo que haces y lo que eres. Después de una relación
estable en la zona de confort viene algo que denominamos “amor de transición”,
es decir, un amor intenso pero efímero que permite limpiar el corazón de lo que
fue y saber qué es lo que se quiere. Lamentablemente a veces coincidimos con
ese amor de transición en la etapa pero no en la esencia, pues puede ser “el
amor” que buscabas, pero pensar mucho hace que se trasforme en esa transición.
Lo mejor que como humanos razonables, pesantes pero por sobre todo emocionales
es vivir el hoy como si no hubiera mañana, disfrutar y saber que lo que acaba
no termina, sólo permite un nuevo comenzar, no cuestiones lo que tienes,
aprovéchalo, pues puede pasar por tu lado y nunca más regresar.
Existen dos tipos de amor, el de tu vida y el
para tu vida. El de te tu vida es aquel primero que es duradero, con el cual
viviste momentos intensos, profundos y quien te conoce como nadie, siempre lo
recordarás por los bellos momentos, pero también porque hizo que te conocieras
más de lo que pensabas, te valorarás y determinaras en el futuro; sin embargo,
no está exento de dolor.
El amor para tu vida es aquel que ve de inmediato
lo que eres y valora tus defectos y virtudes, siendo capaz de convivir con
ellos, al principio tienes miedo, pero en el fondo de tu corazón sabes que es
correcto, a pesar de sentirte intimidado. Es aquel amor que no te pone
nervioso, si no que te permite ser como eres, sientes que confías mucho en esa
persona, como si la conocieras de toda la vida, comienza con atracción pero muy
rápido se transforma en algo más y eso es lo que te da miedo.
El mejor amor es el que encuentras de causalidad
cósmica, que se cruza en un momento inoportuno, pero que está ahí, a quien no
conoces pero crees conocer, porque sabes que en el fondo de tu cerebro, compartes
más de lo que pretendes y te permites admitir, porque has estado preocupado del
entorno, de lo exterior, pero qué mejor desafío que conocer a alguien como
nadie más la ha conocido.
Así se encontraron de frente, el tenía un corazón
roto y ella una ilusión por desarrollar, por primera vez ella sabía lo que
quería y por primera vez a él le tembló la razón, tenerla a su lado hacía que no
fuera lógico, su olor hacía que la deseara sin conocerla, tenía la necesidad de
poseerla, de acariciarla y verla con sus miedos, es como si supiera que estaban
predestinados, se llamaban en silencio, ella escondía su mirada para no mostrar
sus emociones ni sus sentimientos, sus ojos hablaban más que sus palabras, que
su actitud, pero sólo uno podría conocerla. Ahí estaba desnuda en cuerpo y
alma, él no supo qué hacer, siguió sus instintos, por primera vez estaba
haciendo el amor a ciegas, sintió que le habló el alma, que su sonrisa lo
iluminó, por primera vez estaba sintiendo sin dolor ni estructuras, podía ser
él y ella podía hacerlo ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario