Yo no me conozco muy bien, sin embargo tú, sabes más de mí, sabes cuando estoy bien o cuando algo me preocupa. Me pregunto si tú serás para mí… Tu boca dice en cada aliento que desea saber más de mi, mi corazón palpita cada vez que tus manos tocan las mías… No digo que me regales las estrellas, los astros no son para regalar, son para contemplar… Te daré calor para abrigarte cuando te sientas frío… Dame tu calor cuando tenga frío. Sé mi compañero de caminatas nocturnas, se mi condena eterna para saber cuanto cielo más nos espera, cuántas lunas más nos iluminarán en esas caminatas nocturnas. Embriágame con tu compañía, desnuda mi mente para hacerme pequeña y buscar protección en tus brazos. Busca protección en mis brazos, suaves seductores de la tenacidad de tus mejillas. Lanza versos al viento que sólo el viento entendería y mis oídos se regocijen en el menear de tus ojos, brillantes me dicen que no es sincero, el cariño que no siento no es sincero. No miento cuando te digo que me agrada tu compañía, las cosas no cambiarán tu seguirás viendo la fragilidad de mis hormonas cíclicas. Seguirás analizando la fragilidad de mi aliento cuando la brisa del mar inunda nuestros cabellos meciéndolos al compás de la última canción que en tu nombre entonará mi corazón. Mil llaves pueden intentar abrir la pureza de tu corazón, pero siento que mi llave es la que sólo abre tus sentimientos terrenales, la confianza y la amistad. Mi corazón dará marcha atrás cuando no seas capaz de entender que la noche es el día que guiará el caminar de nuestras almas ermitañas, las piedras con las cuales tropezaremos jamás sabrán que entre nosotros se cruzó un pedregoso camino, en el cual al caer no supe poner mis manos para no tocar el tenue suelo. Me rasgué las mejillas con el duro roce de tu frialdad. El río fue testigo de que jamás quise poner mis manos, a costalazos quise aprender de ti. Ahora inválida me voy a dormir.
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